miércoles, 28 de mayo de 2008

Elicura - Yo te canto

Bueno, este no es un nuevo número de La Bicicleta sino que es simplemente un disco de Elicura que un amigo que conocí a través del blog ha ripeado desde un cassette y que me ha pasado para compartirlo. Además, para que quien sepa algo de este grupo pueda tomar contacto con este amigo. Su nombre es Luis Fierro y le pueden escribir a lgfierro@vtr.net o dejarle el recado en este mismo blog. Como prefieran.

Elicura fue uno de esos grupos que conocimos en esos años y que por alguna razón, tampoco tuvieron un cancionero en La Bicicleta o algo parecido. Pero sus canciones fueron muy conocidas, al punto que una de ellas fue utilizada por Alberto Plaza, claro que le puso edulcorante y le cambió la letra. Era que no, en alguien como Alberto Plaza. En fin. El tema es que estos seminaristas (eso se decía que eran) hacían muy hermosas canciones y profundamente comprometidas con el verdadero humanismo cristiano. A quienes les traigan buenos recuerdos, que las disfruten. Y ya saben. Avísenle a Luis cualquier dato que tengan sobre lo que ha sido de estos músicos.

Aprovecho de felicitarlos y felicitarme por haber superado las 25.000 visitas. Fue hace unos días y no reparé en ello hasta ayer. Supongo que hay que celebrar estos hitos en la blogósfera. Cuando lleguemos a las 500 visitas diarias es cuando daremos el gran salto, jajaja.

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martes, 20 de mayo de 2008

Revista La Bicicleta Nº 34 (mayo de 1983)

El número 34 de La Bicicleta salió en un mes y un año muy especial para nuestro país: mayo de 1983. Cómo no recordar ese miércoles 11 de mayo de aquel ya mítico año de 1983. Mmm, no recuerdo qué clases tenía ese día en el liceo pero no asistí y me quedé escuchando la radio Cooperativa. Cuando comenzaron a dar la información de la inasistencia en los colegios, liceos y universidades, me emocioné. Porque aunque siempre supuse que los opositores a la dictadura éramos mayoría, el miedo generalizado, el conformismo y la indiferencia me hacían dudar del éxito de una movilización masiva. Hasta entonces mi experiencia se limitaba a dos cosas: una participación en una organización de secundarios que ni siquiera aparece mencionada en el documental "Actores secundarios". Supongo que debido a lo insignificante que sería. Era la AEM (Agrupación de Estudiantes Medios). Me invitó un compañero de colegio y comencé a participar en ella. Tiempo después alguien me dijo que estaba vinculada al MIR. La verdad es que no lo supe. Mi otra experiencia fue en un núcleo de "La Chispa", una de las facciones del antiguo Partido Socialista, núcleo que se formó a mediados de 1983 con cabros provenientes de varios lados y en el que estuve hasta que agarraron a la dirección y quedamos descolgados. Tenía 16 años en esa época y sólo sabía que se venían tiempos de muchos desafíos para el país. Recuerdo haber pasado tardes enteras armando "miguelitos" que luego había que salir a lanzar en la madrugada para impedir que circularan vehículos. En mi barrio se formó una coordinadora que agrupaba a varias organizaciones sociales, lo que hizo posible mejorar la eficacia de nuestras acciones de protesta. También levantamos un comité de DDHH que llevaba el nombre de un poblador de una villa cercana a la mía que fue asesinado por Carabineros: Juan Antonio Aguirre Ballesteros. El comité funcionaba al alero de una parroquia que quedaba cerca de mi casa. Muchos amigos que hasta entonces se habían mostrado indiferentes a la política o a la situación del país, comenzaron a involucrarse de varias formas en la lucha contra la dictadura. De verdad fueron tiempos demasiado hermosos para mí. Probablemente a esa edad no dimensionaba los riesgos a los que nos exponíamos todos. Me acuerdo de un cabro de la población que quedaba en frente de la mía, que venía llegando del servicio militar y que era medio loco. Una noche de protesta actuó como un verdadero comando cuando teníamos cortada la calle con barricadas y a unas 6 cuadras estaban los milicos disparando balas de verdad. El "Kalalo" (así lo conocíamos), aunque sin formación política, esa noche prestó una ayuda importantísima. Curiosamente, y al revés de lo que le debe pasar a la mayoría, mi llegada a la universidad algunos años después me significó un cierto inmovilismo. Ya no formaba parte de ninguna orgánica política ni tampoco me interesaba mucho y diría que me agarró un cierto desencanto posmoderno, jajaja. Fue a partir del año 1986, que supongo que marcó un antes y un después en la vida de muchos. Nunca me resultó igual una protesta como universitario que las que viví en mi propio barrio. En fin, podría seguir recordando esos años memorables pero no es el tema de la revista ni del blog.

Bueno, vamos al contenido de este número. Trae de cancionero a uno de mis cantantes favoritos en esos años: León Gieco. Debo reconocer que pese a tener casi todos los discos de Gieco, en especial los más antiguos, hoy no suelo escucharlo. A veces me pregunto por qué y creo que se debe a que fue uno de los que más escuché en esos años. El empezó a sonar en Chile en el año 1981 ó 1982. De hecho recuerdo que vino este último año a Chile. Tanto me gustaba que debe ser el único cantante del que me sé en guitarra casi todas sus canciones. Al menos las más antiguas. Pienso que por eso mismo hoy no lo escucho mucho, jajaja. Quedé saturado con "el Dylan de Sudamérica", como dicen que lo bautizaron en Estados Unidos una vez que se presentó por allá. Bueno, el asunto es que este cancionero viene dedicado a él y trae una interesante artículo de Antonio De la Fuente y otro de Álvaro Godoy quien es, era que no, el autor de los acordes para guitarra.

Hoy, Internet mediante, parece no ser muy novedoso lo que se lee en el artículo pero hay que recordar que para quienes crecimos en esos años, lo que encontrábamos en revistas como La Bicicleta y otras, era valiosísimo. Bueno, no sé si a mucha gente le guste León Gieco pero yo habría escogido otras canciones para el cancionero preparado por Álvaro Godoy. De todos modos, son muy buenas todas. Por cierto, no podía estar ausente el trilladísimo "Sólo le pido a Dios", popularizado en Chile por Gervasio. Ni tampoco "Cachito campeón de Corrientes", que fue otro de los temas famosísimos de Gieco en esos años. Aquí les dejo un video en el que aparece un muy joven León Gieco, cantando "Hombres de hierro" en el "Woodstock argentino", el festival B.A.ROCK de 1972.



Gieco siempre me cayó bien, además de gustarme mucho su música. Debe ser porque nunca se las dio de divo, ni de artista ni nada. Más bien siempre me pareció un obrero de la cultura. No sé si alguna vez le escuché o leí algo así pero de verdad que proyectaba esa imagen. Era un tipo humilde, que vivía en un barrio sencillo y que le cantaba a la gente común ¿Cómo no me iba a hacer sentido? Me dieron ganas de cargar algunos discos de Gieco en mi mp3 para escucharlos esta semana. Aquí les dejo las canciones que se incluyen en este cancionero, de modo que podrán escucharlas y tocarlas. Están ripeadas a 192 kbps directamente de los CD originales. Obviamente que si lo prueban y les gusta, pueden comprar los discos de León porque él vive de la música. Descargar desde aquí

En cuanto a los restantes artículos, viene uno sobre la Revolución Islámica. La verdad es que hoy probablemente algo así le hubiese costado al menos una amenaza de muerte al editor del artículo (Antonio De la Fuente). Afortunadamente ene esa época las posibilidades de difusión global de una revista como ésta eran limitadísimas y ningún dirigente iraní, ni ningún grupo fundamentalista, se enteró de cómo les estaban tomando el pelo en una revista publicada en Chilito. Claro, Antonio "Delaefe" seleccionó textos del Ayattolah Jomeini en los que se hace referencia a cosas tan triviales como la manera de orinar y defecar. Hace tan solo 25 años esto del cosmopolitismo, la diversidad cultural y otras yerbas no eran aún parte del sentido común. No tengo nada contra el uso de la ironía pero pienso que ridiculizar a otros pueblos o sus líderes porque simplemente no comulgan con nuestras propias creencias, no es precisamente una muestra de apertura para una revista cultural como La Bicicleta. Bueno, en todo caso no hay que exagerar. Todos tenemos nuestros propios prejuicios. Recuerdo haber leído que Michel Foucault fue sumamente criticado en Francia porque hizo una apología del movimiento que llevó a la revolución islámica. Claro, antes de que el régimen fundamentalista terminara convertido en una férrea teocracia. En fin, mejor leer esta crónica y reirse un poco, mientras podamos hacerlo sin que nos amenace de muerte algún líder musulmán.

Otro artículo interesante, y también muy polémico, es uno escrito por Marilu Krebs y Álvaro Godoy en el que abordan el naturismo. Eso mismo. Antes de la proliferación de "veganos" y otros especímenes, La Bicicleta nos presenta a macrobióticos, vegetarianos, naturistas y otros seres parecidos. Todos ellos rechazan el pecado de la carne, jajaja. Todos ellos parecen rechazar a la diosa proteína pues afirman que es una deidad idolatrada en Occidente (por cierto, Chilito seguramente lo consideran parte de Occidente). De ahí la defensa de las vitaminas, del salvado de cuanto grano exista y de todo aquello que suponen es mejor para nuestro cuerpo. Recuerdo que cuando adolescente me dio también por el naturismo y me duró unos meses hasta que me llevaron donde una prima nutricionista que le dijo a mi mamá que yo estaba a un paso de estar en un estado de desnutrición. En todo caso no fue por el artículo de La Bicicleta que me las di de naturista sino por la nefasta influencia de los amigos, como diría cualquier madre. Pero bueno, aquí se aborda seriamente el tema y se consulta a varios especialistas que hablan de lo saludable de una dieta que prescinda de las carnes y los productos demasiado elaborados. Siempre me ha parecido raro que se critique el consumo de carne o se alaben las propiedades del centeno frente a las del trigo, cuando cualquier estudiante sabe que si no hubiese sido por esos alimentos, la humanidad probablemente no habría tenido muchas posibilidades de sobrevivir. De todos modos, como casi en todo, lo mejor es disfrutar sin abusar. Allá cada cual con sus parrilladas de carne o de legumbres, jajaaja.

Otro artículo de interés reune testimonios de soldados argentinos que vivieron la guerra de las Malvinas. A un año de la desastrosa aventura de los generales golpistas en Argentina, La Bicicleta recuerda el acontecimiento con la mirada del que fue combatiente y sufrió los rigores de una guerra de verdad. Antonio De la Fuente es el autor del artículo.

El último artículo que trae este número de la revista, corresponde a una entrevista con el psiquiatra chileno Claudio Naranjo, quien se explaya sobre misticismo, desarrollo espiritual, budismo y psiquiatría. Hoy no me cabe duda que La Bicicleta fue probablemente la primera de las revistas chilenas en la que se difundió la cultura de la denominada "New Age". El autor del artículo no podía ser otro que Eduardo Yentzen, a quien le convencían mucho estas mezclas de orientalismo y psicología. No tengo nada contra las búsquedas espirituales ni contra los psicólogos y psiquitaras que encontraron su inspiración en la Costa Oeste de Estados Unidos, pero me resultaban demasiado ajenos y hasta el día de hoy lo siguen siendo. De todas formas, les dejo un video en el que Naranjo habla sobre la educación. Por cierto, muy apropiado para la actual coyuntura chilena.



Las noticias sobre la actividad cultural, la aventura de Supercifuentes y los comentarios sobre libros y discos, completan este número. Solo quisiera destacar aquí una carta al director que apareció en este número de La Bicicleta y que cuando la leí en esa oportunidad me hizo mucho sentido. La escribió un estudiante de ingeniería de la Universidad de Concepción, Carlos Pérez Alvarado, y planteaba una crítica a la línea editorial de La Bicicleta en lo que se refiere a sus gustos musicales y la forma de tratar expresiones artísticas y culturales alejadas de dicha línea. Todo esto fue a causa del reportaje que apareció en un número anterior sobre el punk. ¿Lo recuerdan? El artículo sobre el "Caballo de Troya", un pub holandés que reunía a los jóvenes punks. Pues bien, Carlos en su carta hace ver lo prejuicioso de los muchachos de La Bicicleta, que simplemente parecen menospreciar expresiones culturales que vayan más allá del canto Nuevo y de lo que ellos mismo denominaron como "gringos choros" (los ascépticos Simon and Garfunkel o los folklóricos Dylan y Báez). Este ofuscado lector de La Bicicleta reclamaba por la poca consideración a la vanguardia musical que provenía de la vertiente del punk. Mencionaba varios grupos, entre los cuales aparecen los Dead Kennedys (tengo un disco de ellos), UB-40 (que tocaron en San Carlos de Apoquindo en 1989), los B'52 (que me parecen más new wave que punk) y mis favoritos: The Clash. Tal vez por eso me hizo tanto sentido la carta. Porque aunque no fui un punky ni nada parecido, siempre me gustaron los Clash. Hasta el día de hoy. Y nunca La Bicicleta les dedicó un cancionero. Como sí lo hicieron con grupos como Pink Floyd, Yes y hasta con los "chetitos" Soda Stereo (¡puaj!). En fin. Que me sentí interpretado por Carlos y su defensa de la apertura a otras expresiones musicales. Permítanme rendir un tributo a Joe Strummer (1952-2002) líder, guitarrista y vocalista de The Clash. Hace tiempo encontré este video en el que a la interpretación de una de las más lindas canciones de Bob Marley (Redemption Song), se le suma un hermoso homenaje a Strummer. La canción aparece en el disco de Joe Strummer and The Mescaleros que se editó en el año 2003 en forma póstuma y que se llama "Streetcore". Es un gran disco realmente. Ojalá les guste el video.



Bueno amigos, disculpen lo largo del comentario pero parece que me entusiasmé. Aquí les dejo este nuevo número y los invito a dejar sus comentarios, sugerencias o lo que sea.

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lunes, 5 de mayo de 2008

La Bicicleta Nº 33 - abril de 1983


Lista de preferencias

De las alegrías, las inesperadas
De las pieles, las no arrancadas
De los cuentos, los incomprensibles
De los consejos, los inaplicables
De las muchachas, las nuevas
De las mujeres, las infieles
De los orgasmos, los no simultáneos
De las enemistades, las mutuas

Bertold Brecht


El poema de Bertold Brecht que encabeza este comentario corresponde a uno que musicalizara Isabel Parra, a quien se le dedica en este número de abril de 1983 el cancionero y dos artículos. Uno de ellos corresponde a una entrevista que le hizo Renée Chevroux en la ciudad de París y en la que habla de su doloroso exilio y la nostalgia por Chile. Como cientos de miles de chilenos en el mundo entero, Isabel sufrió un exilio que distaba bastante de ser esa experiencia de llevar una cómoda vida en una ciudad cosmopolita de país desarrollado. Es probable que para algunos, en especial quienes provenían de un medio pequeño burgués intelectual, el exilio no haya significado grandes tormentos. Pero para la gran mayoría fue insufrible. Da pena pensar en lo que debe haber significado el exilio para los miles de obreros y campesinos que debieron salir forzadamente de Chile y tener que reconstruir sus vidas en un país extraño. Ni el nivel de vida de los países nórdicos, ni la solidaridad de los países socialistas ni la cultura al alcance de la mano que ofrecían ciudades como París o Roma fueron suficientes para mitigar el dolor del desarraigo. Las historias que conocimos a través de la prensa siempre fueron las de los conocidos y famosos (políticos, artistas, intelectuales, etc) pero pocas veces se habló de aquellos que simplemente provenían de la base o que no ocupaban cargos de grandes responsabilidades en sus organizaciones. En fin, la entrevista a Isabel lleva a pensar en esa otra cara del exilio chileno. El de los que volvieron sin doctorados ni cargos en organismos internacionales, o que simplemente nunca pudieron regresar a Chile. Junto a la entrevista, también se incluye un breve artículo de Álvaro Godoy sobre Isabel en su condición de exponente de la Nueva Canción Chilena.

Otro artículo interesante es el de Antonio De la Fuente sobre Clotario Blest (1899-1990), quien en ese entonces tenía ya 83 años y vivía en condiciones de asceta cerca de donde el Colectivo La Bicicleta también vivía. En el barrio San Isidro, en el centro de Santiago. Don Clotario fue toda una leyenda del sindicalismo chileno. Fundó en 1943 la ANEF y en 1953 fue uno de los fundadores de la CUT; no de la actual sino que de la histórica, la única. Es muy curiosa la figura de Clotario Blest porque era una mezcla de dirigente sindical y asceta. Defendió la independencia del movimiento sindical frente a los partidos políticos, fue uno de los fundadores del MIR, fue seminarista, era un cristiano que pretendía vivir conforme al Evangelio y admiraba a Gandhi y su principio de la no violencia activa. Una vez un amigo mío se topó con él en la calle y se le quedó mirando como para saludarle pero Don Clota parece que andaba malhumorado ese día porque lo único que hizo fue mirar feo a mi amigo y decirle: "¡qué mirái huevón!" Cuando mi amigo me contó, me dio mucha risa y pensé en lo mucho que distaba esa reacción de la imagen que teníamos de él. Es como haberse encontrado con Jesús y que también te echara un garabato por solo mirarlo raro.

Forma parte del artículo una selección de términos realizada por Pedro Armendáriz con definiciones acuñadas por el histórico dirigente sobre temas tan variados como la paz y la revolución.

En este número de abril La Bicicleta venía cargada al misticismo oriental. Ello porque Antonio "Delaefe" y un tal Charly Chang hicieron una selección de textos de célebres pensadores y poetas chinos (desde Lao Tse hasta Mao Tse Tung). Además, Eduardo Yentzen escribe otro artículo titulado "Maestros de Oriente para Occidente", refiriéndose especialmente a las ideas de Maharaj-Ji y Raj-Neesh. Por cierto, supongo que Eduardo incluye Chile en Occidente (y no haciendo referencia a su localización geográfica precisamente), aunque para la mayoría de los europeos no seamos occidentales en términos culturales. En fin, el artículo de Yentzen es bastante condescendiente con las ideas místicas de estos "maestros" orientales. Recuerda incluso al famosísimo Maharishi, quien fue durante algunos años el guía espiritual de los Beatles y otros conocidos músicos. De más está recordar que el susodicho maestro cobraba bastante dinero por sus servicios espirituales y que hasta el día de hoy, cada uno de los "maestros espirituales" que vienen a dar conferencias para expandir la mente o cualquier cosa semejante, lo hacen en algún conspicuo centro de eventos y cobrando más caro que estrellas del pop. Mmm, debo reconocer que las moda espiritualistas venidas de Oriente nunca me han convencido. Será que soy demasiado materialista o simplemente ignorante pero intuyo que para poder explorar esas formas superiores de conciencia se requieren formas "superiores" de vida que sólo se las puede permitir la gente ABC1. Los demás están mucho más preocupados de cómo llegar a fin de mes como para estar pagando la entrada a un encuentro místico con el gurú de turno. Pero dejando los prejuicios de lado, algo habrá de interesante en estas ondas orientalistas que tanta gente está dispuesta a pagar por acceder a ellas. Es como el chiste del infierno: se debe pasar muy bien ahí porque hasta ahora nadie ha vuelto.

Otro artículo raro es el de Mariano Maturana sobre un tal Panchito Reyes y la new wave. Nada parece indicar que se trate del ya maduro galán de teleseries chileno sino que es alguien que tuvo la desdicha (o fortuna) de vivir su exilio en Escocia. Maturana se lo encontró en un bar de Amsterdam y da igual si realmente existió dicho personaje. El asunto es que le sirve de pretexto para escribir un rarísimo artículo sobre la identidad o la no-identidad de quienes debieron pasar por la experiencia del exilio.

En las cartas al director sigue la discusión sobre el Combate de La Concepción y los valores, que va en su tercera etapa ya.

Para terminar, una jocosa presentación de la moda de media estación que presentan los miembros del colectivo La Bicicleta. Resultó muy chistoso en verdad verlos modelando trajes estrafalarios y más risa dan los nombres de los modelitos que proponen, jajaja. Muy bueno en verdad. Los del The Clinic deberían hojear La Bicicleta y así copian esta idea, que era bastante divertida en verdad.

Vuelven las aventuras de Supercifuentes, quien termina preso con un "mani-festante" que cayó detenido por vender maní en una fiesta, jajaja. Bueno, les recuerdo que dejen sus sugerencias, comentarios o lo que sea. Siempre son bienvenidos.

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viernes, 18 de abril de 2008

LA BICICLETA Nº 31 - febrero de 1983

Y seguimos subiendo y compartiendo la mejor revista de los ochenta. Este nuevo número de La Bicicleta trae, era que no, un cancionero y una crónica dedicada a cubrir los pormenores de un curioso Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar. Lo que tiene de curioso es que en esta oportunidad, y en plena dictadura fascista, subirían al escenario Chico Buarque, Pablo Milanés, León Gieco, Soledad Bravo, Quilapayún, entre otros artistas de esa magnitud. Todo gracias al empeño de un representante artístico que formó parte del conocido grupo musical Los Huasos Quincheros y que en un viaje de estos último a la Unión Soviética, decidió pedir asilo político. Exquin, que es como se le llama en esta crónica para así preservar su verdadera identidad a salvo, hizo todas las gestiones para poder traer al país a este grupo de comprometidos artistas de la canción latinoamericana. Como imaginarán, esto no es sino una tomadura de pelo de Rude Cindocox, primo del colaborador de la Bicicleta llamado Rudecindo Cox. Da mucha risa leerla. El cancionero incluye canciones de varios de estos "invitados" y de otros grandes músicos como Rubén Blades, Amparo Ochoa, Daniel Viglietti, Patricio Manns, entre otros. Como siempre, los acordes son del gran Álvaro Godoy

En cuanto a narrativa, este número trae una selección del libro maya Popol Vuh. Por cierto, muchísimo antes que Andrés Pérez nos ofreciera esa hermosa puesta en escena del mágico libro con su Circo Teatro. Si mal no recuerdo, esto último fue a comienzos de los años noventa.

Siguiendo con el tema veraniego, Antonio De la Fuente nos trae una completa guía de viajes para quienes se animen a agarrar su mochila y largarse a conocer tres interesantes destinos turísticos: el Valle de Elqui, la desembocadura del río Maule y Cartagena. No la de Indias sino la única, grande y nuestra; la misma en que está enterrado el gran Vicente Huidobro y que cada año es objeto de una peregrinación por parte de los estudiantes de la Universidad de Chile cuando reciben a los mechones.

Esta guía es también muy interesante de leer habiendo transcurrido 25 años desde que fuera publicada. Por cierto, muchas cosas han cambiado pero otras no tanto. Ya entonces el Valle del Elqui (o simplemente "el Valle" para los asiduos al esoterismo telúrico pachamámico) era considerado un lugar especial. Si mal no recuerdo, fue a través de la misma Bicicleta que me enteré que el eje magnético (o algo así) se había trasladado desde Los Himalayas a esa zona de Los Andes. Cómo no ir a conocer tan maravillosa zona entonces. Pues bien, ahí es donde la guía de Antonio Delaefe cobra relevancia. Es cosa de juntar unos pocos pesos porque un alojamiento en la mismísima Avenida Hernando De Aguirre en La Serena costaba $100 por noche. Sí, exactamente ¡cien pesos!. Por su parte, si la idea era ir hasta la desembocadura del Maule, había que desembolsar $450 (o sea, casi lo que hoy cuesta un viaje en metro) para trasladarse cómodamente en bus desde Santiago a Constitución. En cuanto a la hermosa Cartagena, ya entonces se había convertido en un balneario popular, término que connota en nuestro país algo más que un concurrido lugar. He de reconocer que cuando niño fui a veranear a Cartagena y que de adolescente, solíamos ir con mis amigos a disfrutar de la noche cartagenina mientras veraneábamos en casa de uno de ellos en El Quisco. Nada mejor que ir a comer fritangas y jugar flippers en los puestos ubicados frente a la Playa Chica y después irnos a la discoteque Gato Negro o Viuda Negra. No lo recuerdo bien. En todo caso, era típico que cuando la cosa estaba de lo mejor, se venía el clásico "Slow Ride" de Foghat. Imperdible. Claro que en esos años nunca supe de un asalto, cogoteo ni acuchillamiento. A lo más, las típicas peleas callejeras pero nada terrible, como dicen que sucede hoy en día. Snif. Qué tiempos aquellos.

Este número trae también una entrevista que le realizara Isabel Parra a Silvio Rodríguez en Varadero. Me imagino lo sufrido que debe haber sido para la Chabela tener que entrevistarlo en ese horrible lugar, jajaja. Sólo comparable a la querida Cartagena. Muy buena entrevista, por lo demás.

Pedro Armendáriz nos ofrece un artículo sobre el fenómeno de los monos de animación japonesa. En este caso se trata de la serie Mazinger Z, que sé que hoy es serie de culto para quienes la vieron desde niños. No es mi caso porque cuando la daban yo ya había dejado de ser niño. Sí recuerdo que los hermanos chicos de mis amigos la veían. Igual es interesante constatar lo que ya entonces povocaba este género televisivo y reparar en lo que ha llegado a ser hoy en día. Habría preferido que en lugar de Mazinger Z hubiesen hablado de las series japonesas que a mí me hicieron soñar cuando niño: Ultraman, Ultraseven, Robot Gigante, Príncipe Dinosaurio y Esper. Esas sí que eran series. Y en animación, me conformo con un artículo sobre Marine Boy y su amigo Chapotín.

El último artículo de este número es de Susana Kúncar sobre la PAA y todos los miedos que representaba para los estudiantes chilenos de aquellos años. Las presiones que sufrían los estudiantes de entonces, especialmente en un contexto en el que estudiar en una universidad privada no era aún una real alternativa para quien fracasaba en la prueba, deben haber sido realmente grandes. En fin, supongo que escribir un artículo sobre "los estudiantes y la PAA" en esos años no debe ser tan distinto de uno que hablara sobre "los estudiantes y la PSU" hoy en día. En todo caso, a fines de ese año de 1983 me tocaría dar la PAA de modo que debo haber leído el artículo con mucha atención.

Bueno, junto a la información sobre la actividad cultural y artística, los comentarios de discos y cassettes y las siempre interesantes cartas al director, en este número Eduardo Yentzen escribe una editorial que ya dejaría de serlo. Él prefería llamarla "Invitación" y en ella expresa su particular visión acerca de la situación que vivíamos entonces. Más que una dimensión política, la crisis de entonces era para Yentzen una crisis de civilización y el problema de fondo era el de la condición del hombre frente al desarrollo científico-técnico. No vayan a pensar que en lugar de Yentzen era alguno de los filósofos de la Escuela de Frankfurt el que escribía esas editoriales. Nada de eso. Es simplemente que poco a poco se fue perfilando en La Bicicleta esa atención más centrada en los problemas en el campo de la cultura (en su amplio sentido) que en el campo puramente económico y político. En fin, cada cual podrá estar de acuerdo o no con el tipo de enfoque que Yentzen solía darle al análisis de la realidad entonces, pero hay que reconocer que se publicaron muy buenos artículos que iban en esa línea de análisis.

Lamentablemente esta vez no hay historieta de Supercifuentes. Lo que pasa es que "Cifu" (como lo llamamos sus amigos) ese febrero de 1983 salió en un número especial que ya publiqué en este blog durante febrero de este año.

Bueno, entonces disfruten de este nuevo número de nuestra querida revista y no olviden dejar sus comentarios, saludos, buenos o malos deseos, o lo que quieran dejar de recuerdo en el blog.

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lunes, 14 de abril de 2008

Números faltantes de La Bicicleta

Estimados amigos y visitantes del blog, varios de ustedes han ofrecido su valiosa ayuda para ir completando la colección de La Bicicleta en este blog. Es el caso de Andrés, Gustavo, Eduardo, Cristián, Eladio, Luis, Helberts, Pedro, Fernando, Tonia, Miguel, Marcos y Cristián. Todos han ayudado en lo que ha estado a su alcance, ya sea prestándome algunas revistas o digitalizando ellos mismos algún números. Lamentablemente me he equivocado en dos ocasiones y así es como Tonia digitalizó unas páginas de un número que ya me había conseguido y lo mismo pasó con un número que digitalizaron Marcos y Cristián, quienes desde Berlín me ofrecieron su valiosa ayuda y yo les hice digitalizar uno que ya había subido al blog. Olvidé decir que soy bastante distraído en ocasiones y por eso es que para evitar errores como estos y para que quienes quieran colaborar sepan qué números son los que no tengo, publico aquí los ejemplares que a mí me faltan para completar la colección.

Ejemplares que no tengo: 2, 3, 4, 5, 6, 19, 24, 25, 27, 35, 37, 39, 44, 48, 56, 64, 70 y 75

Además, me faltan algunas páginas de los siguientes:

11: faltan las dos páginas centrales
21: faltan las páginas 17 a 20
42: faltan las páginas 22 a 26

Los restantes números los tengo todos aunque digitalizados y listos para publicar tengo ya los números 21 (sólo faltan las páginas que señalé), 31, 33, 34, 36, 38, 40, 41, 42 (sólo faltan las páginas que señalé), 43, 50, 58 y 74. Los restantes números los iré digitalizando a medida que me lo permita mi escaso tiempo libre.

El último número que tengo es el 76, cuyo cancionero viene dedicado a Soda Stereo. Me parece que ese fue el último número publicado pero si alguien tiene o sabe de un número posterior, que me avise aquí mismo para agregarlo al registro.

De los especiales, sólo me falta el de Neruda. Tengo los de Víctor, los de la Paz, el de Joan Manuel Serrat, el de Cuentos y apenas pueda los iré subiendo. Siempre en orden de aparición, así que hay que armarse un poco de paciencia.

Bueno, si alguien se quiere anotar con la digitalización de alguno de estos números que me faltan, puede anotarse aquí mismo en los comentarios y así nos coordinamos para no duplicar esfuerzos ¿Les parece bien?

Gracias nuevamente a todos y confío en que pronto tendremos completa la colección de nuestra querida Bicicleta.

Mayoneso

LA BICICLETA Nº 30 - enero de 1983


... dígote cuánto ámote del tacón al pelo,

esté ese pelo donde esté,
en lo alto o en lo secreto de tu fragancia,
espero esperándote parado aquí
a las 7 bajo el humo del reloj...

(Gonzalo Rojas)


El número 30 de La Bicicleta apareció en enero de 1983. Ese año que jamás olvidaremos porque fue el año en que empezaron las protestas nacionales contra el dictador. Bueno, en enero de ese año nuestro país estaba en plena recesión y Eduardo Yentzen hace una reflexión sobre eso en la editorial de este número. Como siempre, desde una posición centrada en el ser humano, Eduardo hacía una crítica al sistema económico, social y político que entonces nos oprimía. Sin entrar en la discusión de cuánta opresión siguen sufriendo hoy los trabajadores y el pueblo en general, vale la pena releer la editorial de Eduardo.

En poesía, este número trae una selección de poemas de tres destacados poetas chilenos: Raúl Zurita, Gonzalo Rojas y Eduardo Parra. Este último es, como sabrán, el tecladista de Los Jaivas y quien también aporta con buena parte de las letras del grupo. Zurita siempre me gustó, aunque debo reconocer que más como poeta que como agente dentro del campo literario (lo de agente no lo tomen a mal, es sólo para describir su papel como parte de la máquina política que se mueve en torno a la poesía y la literatura en este país). En fin, que su reconocimiento como poeta no necesitaba de esos halagos y adulaciones al poder que hizo hace unos años. Ya otros antes que él habían hecho algo parecido pero obviamente que en otras épocas se podía tal vez perdonar tal cosa. En fin, que prefiero quedarme con el recuerdo del poeta que conocí gracias a La Bicicleta en aquellos años. De Gonzalo Rojas no es mucho lo que puedo decir. Lo he leído y me gusta mucho también su poesía. Además me parece que su Premio Nacional de Literatura estaba muy merecido y el Premio Cervantes simplemente vino a hacer justicia con su obra. Por cierto, siempre hay otros que lo merecían tanto como él. Pero así funciona el mundillo literario. Sólo hay premios para los menos. En cuanto a Eduardo Parra, debo decir que no me seduce tanto su poesía. Si hubiese estudiado literatura o al menos hubiese hecho algún taller literario, sabría probablemente por qué no me gusta tanto. Pero como a Los Jaivas simplemente los amo, supongo que algo de sus letras y poesía me cautivó en la adolescencia. Razón de más para alegrarme de su inclusión en esta selección.

Álvaro Godoy
nos trae un interesante artículo sobre el fenómeno que en esos años generó "el caso Piñera". Nada que ver con Sebastián sino que se trataba de su hermano Miguel. Papurri, como se le conoce actualmente. Bueno, ya comenté en un anterior número que este personaje provocó toda clase de reacciones en artistas y público. Vendía la pomada con su onda artesanal y hasta se permitió tratar de "compañero" a Silvio en un concierto que dio en el teatro Caupolicán junto a Congreso. Nada menos. No recuerdo quién más tocó aquella vez pero sí sé que salió con su boina estilo Ché Guevara y su guitarra a cantar canciones comprometidas. Por eso y mucho más, fue objeto de críticas por parte de moros y cristianos. Le acusaban de apitutado (no sólo era hijo de un ex-diplomático, sino además hermano de un ex-ministro y de un empresario ya entonces poderoso y además sobrino de un obispo), que salía en cuanto programa televisivo había, que era un farsante, un ignorante y que, como lo dijo Oscar Andrade en una de sus canciones, usaba la izquierda para vender y la derecha para vivir. En fin. Todo un caso que aquí es analizado con cierta ironía por Álvaro y en el que opinan algunos músicos y periodistas. El tiempo les dio la razón a unos y contradijo a otros. Sólo puedo señalar que entonces me caía mal porque yo conocía al grupo Agua y me dio lata que él se hiciera famoso con una de sus canciones. Pero debo reconocer que siempre se rodeó de muy buenos músicos. Nada que decir. De hecho, el propio Roberto Lacourt y Oscar Pérez, ambos del grupo Agua, fueron parte de su banda.


También trae este número los pormenores de una premiación que hizo la revista a propósito de los 4 años que cumplía. Así, se hizo entrega de los Premios al Canto Nuevo, que se realizó en el cine-arte Normandie (cuando quedaba en Alameda). Además se organizó un festival de video en el Goethe y se exhibió la película de Cristian Sánchez "Los deseos concebidos". Entre los premiados estuvieron Eduardo Gatti, Eduardo Peralta y Congreso. Cada uno de los galardonados recibió el "Pedal de plata". En verdad no sé si era así como se llamaba el premio pero sí era un pedal, obviamente.

En música, este número viene dedicado a la Nueva Trova. En el artículo se recuerda la visita que hicieran algunos exponentes de dicho movimiento musical cubano a nuestro país en el año 1972. La recordada "Santiago de Chile" de Silvio Rodríguez fue uno de los frutos de ese histórico viaje. Precisamente de Silvio es el cancionero de esta Bicicleta. Más precisamente, de su disco Unicorno, editado en 1982 y que tiene hermosas canciones, como es habitual en el músico cubano. A quién no se le ha perdido alguna vez ese unicornio azul del que habla Silvio. Lo bueno es que con el tiempo, ya casi no duele su ausencia.

Antonio De la Fuente nos ofrece un artículo muy interesante sobre el pueblo aymara. A propósito de cómo los intereses de grandes capitales mineros podían dejar sin agua a los pueblitos de la Quebrada de Tarapacá, el artículo aborda la realidad social y cultural de los pueblos aymaras. En una época en que no había reconocimiento oficial de la existencia de pueblos originarios, el artículo de "Antonio Delaefe" contribuye a evidenciar los costos de un modelo económico que depreda no sólo la naturaleza sino también la cultura.

Y sobre cultura es también lo que trata el último de los artículos que trae este número de nuestra recordada revista. Esta vez lo firma Mariano Maturana, quien desde Holanda escribe sobre lo que representa cultural y filosóficamente el punk, a partir de una visita a un local que reune a punks holandeses. Algo así como la versión holandesa de "El trolley". Interesante descripción la que hace Maturana de esta filosofía que, como él mismo lo dice, "se manda a la mierda a sí misma".

En cuanto el resto de las secciones de la revista, este número trae, como siempre, variada información sobre la actividad cultural del Chilito de aquellos años. Siempre me resulta atractivo releer esas notas porque uno se encuentra con sorpresas. Así, por ejemplo. Se lee en este número que se acababa de realizar en diciembre del 82 la Feria del Libro. Claro que en esos años se hacía en el Parque Forestal. Todavía conservo algunos de los libros que me compré en más de una de esas ferias que se organizaban entonces a orillas del Mapocho. Nada que ver con lo que ahora se hace en la Estación Mapocho.

Una de mis secciones favoritas de La Bicicleta era la sección de "Cartas al director". En este número viene una carta de un señor Garfias que es miembro del Instituto Histórico de Chile y que reclama contra uno de los lectores de La Bicicleta, quien en el número 27 (que no tengo y por eso no he podido aún compartir) planteó una serie de ideas respecto a lo que representan los valores patrios y la significación de la celebración del Combate de La Concepción. Sé que muchos de ustedes recuerdan esa seguidilla de cartas que se enviaron como parte de este debate. Duró varios números y fue una de las veces en que pude realmente apreciar el valor que tiene el espacio en el que los lectores pueden manifestar sus opiniones libremente. Esa discusión pública respecto a los valores patrióticos fue uno de los buenos recuerdos que nos dejó esta revista.

Bien, entonces disfruten de este nuevo número. No olviden leer las aventuras de Supercifuentes, quien en esta ocasión se las da de titiritero. No olviden dejar sus comentarios y sugerencias o avisarme en caso de algún número al que le falten páginas o de un enlace caído.

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miércoles, 9 de abril de 2008

LA BICICLETA Nº 29 - diciembre de 1982

Estimados visitantes del blog, lamento haber tenido prácticamente abandonado este espacio por casi dos meses. Pensé que el comienzo del año sería mejor de lo que esperaba en términos de poder disponer de tiempo para esto pero no fue así. De a poco trataré de apurar el tranco y así tener lo antes posible toda la colección digitalizada. Para los que han pedido los especiales de Víctor Jara y otros números de mucho interés, les pido tener algo de paciencia. Mi idea es ir subiéndolos en orden de publicación y por eso habrá que esperar un poco.

Pero bueno, gracias a la colaboración de Tonia, puedo compartir el número 29 pues ella digitalizó las tapas de su ejemplar debido a que las mías estaban rotas. Gracias a ella por la yuda brindada y la buena disposición a colaborar con esta iniciativa.

Este número de La Bicicleta se publicó en diciembre de 1982. Un año que culminaba con los priemros intentos de articular una resistencia activa frente al régimen dictatorial. Recuerdo que aquel septiembre de 1982 se nos pidió enchufar cuanto aparato eléctrico tuviéramos a mano porque con eso haríamos saltar el sistema eléctrico del país y provocar un apagón. Bueno, no pasó eso pero al menos las ganas de hacer cosas se empezaban a manifestar más abiertamente. También la "Marcha del hambre" fue un anticipo de lo que se vendría el año 1983.

E
ste número de La Bicicleta trae como cancionero y entrevista central a una de mis bandas preferidas: Los Jaivas. Esta vez, a propósito del enorme éxito que suscitó su regreso a Chile y que repercutió en una verdadera moda al punto que el hasta entonces alternativo y marginal Canto Nuevo llegó a ocupar espacio en los medios de comunicación en plena dictadura. Recuerdo perfectamente la vez que tocó Santiago del Nuevo Extremo en Sábados Gigantes. Lo mismo ocurrió con Eduardo Peralta. No creo haberlo soñado ni imaginado sino que en verdad fueron invitados a tocar en el popular programa de Don Francisco. Por cierto, cantantes como Oscar Andrade tenían allí un espacio bastante consolidado.

Bueno, a propósito de este fenómeno que produjo el estilo Jaivas, fue tanto el impacto que provocó que llevó incluso a bandas rockeras de tomo y lomo a modificar su estilo a un sonido más "jaiva", como sucedió con los ex-Sol de Medianoche y rebautizados en esos años como Sol y Medianoche. No sólo cambió el sonido por la voz de Soledad Domínguez como vocalista sino porque comenzaron con esa mezcla de folclor y rock que años después también popularizarían bandas como Divididos en Argentina. Puedo estar equivocado si afirmo que ese cambio fue consecuencia del fenómeno que generaron Los Jaivas, pero al menos tengo claro el recuerdo de haber visto a Sol de Medianoche en el Teatro Caupolicán tocando su emblemático "Querida mamá" y tiempo después haber visto a Sol y Medianoche interpretando a Violeta Parra en formato rock.

A tanto llegaría la influencia de Los Jaivas y la moda que generaron en esos años en Chile que hasta al popero imitador de Michael Jackson (me refiero a Juan Antonio Labra), le dio con sacar un disco en onda "jaiva". Si hasta lo pasaron por la radio en esos años con su mensaje de hermandad latinoamericana y toda esa onda medio telúrica que Los Jaivas representaban tan bien y que en este cantante sonaba muy poco creíble.

Sobre este fenómeno escribió en esta oportunidad Álvaro Godoy. Como siempre, muy buen observador de la realidad musical de nuestro país en aquellos años. Respecto al cancionero, trae canciones de varios discos pero, en mi opinión, lo más valioso se encuentra en que incluye los acordes de algunas de canciones de Los Jaivas que éstos no solían tocar en esos años. Es el caso de "Ayer caché" y de "Indio hermano". Ambas son del disco conocido como "La ventana" y además de ser hermosas canciones, representaban muy bien el espíritu jaiviano. De hecho, "Indio hermano" fue una canción autocensurada en esa primera gira de Los Jaivas en Chile. Ellos mismos reconocieron que no la tocaron en sus conciertos porque habría sido como ser maleducado con el dueño de casa. Por cierto, el "dueño de casa" al que se referían era el dictador.

Además de Los Jaivas, en este número viene un artículo del mismo Álvaro Godoy sobre el encuentro que organizara La Bicicleta en El café del cerro con ocasión del lanzamiento del especial en tres volúmenes que editó sobre la vida y obra de Violeta Parra, y que ya fueron publicados en este blog hace unos meses.

Por el lado de la narrativa, este número trae un relato del escritor argentino Eduardo Gudiño Kieffer (1935-2002) que evoca lo delirante del show televisivo que se montaba ya entonces en el marco de la campaña Teleton. Justamente a propósito de ésta es que La Bicicleta incluyó este relato.

Por otro lado, viene una crónica sobre Gabriel García Márquez quien recibió ese año de 1982 el Premio Nobel de Literatura. En el artículo escrito por Antonio De la Fuente se describe la trayectoria biográfica y literaria de este gran escritor colombiano.

En este número viene también un reportaje a la juventud universitaria de entonces. Estamos hablando de fines del año 1982, cuando recién el movimiento popular comenzaba a recuperarse del golpe asestado por la dictadura y cuando aún los centros de alumnos no eran elegidos democráticamente. Poco a poco el movimiento estudiantil comenzaba a organizarse y Eduardo Yentzen abordó este tema mediante una "periodística encuesta" entre estudiantes de las universidades Católica y De Chile. De lo que se desprende de las respuestas y opiniones de los estudiantes de entonces, bien poco se podía esperar en términos de respuesta del movimiento estudiantil. Al menos cuando lo leí aquella vez me pareció que los estudiantes entrevistados respondían al modelo de estudiante "apolítico" que tanto quiso imponer la dictadura. Aunque también aparecen aquellos más sensibilizados con la realidad de entonces, la que incluía hechos atroces como fue el caso ocurrido con el secuestro de la estudiante Marcela Palma en ese 1982 y el secuestro y posterior muerte (producto de las torturas sufridas) del estudiante de periodismo Eduardo Jara, hecho ocurrido a fines de 1980.

Por último, este número de La Bicicleta trae un reportaje de Pedro Armendáriz sobre las jornadas estudiantiles de sicología que se realizaron en ese año en el Campus La Reina de la Universidad de Chile. El mismo lugar en el que hoy funciona la Municipalidad de La Reina y que entonces era un apacible campus universitario rodeado aún de la naturaleza precordillerana. A los que les tocó estudiar allá o tener que ir a pedir algún certificado u otro menester semejante, recordarán lo que costaba llegar en micro hasta ese lugar. Bueno, en verdad la liebre Tobalaba-Las Rejas apenas llegaba hasta la Villa La Reina y de ahí, a pata no más hasta la Facultad. Al menos el sonido de los pajaritos a uno lo hacía sentir como si estuviera en el campo. Pero me estoy desviando. El tema es que en este artículo se pasa revista a lo que fueron esas jornadas estudiantiles y lo relevante del tema de la relación entre individuo y sociedad.

Lo demás corresponde a las habituales noticias de la actividad cultural y artística de entonces, la aventura de mi héroe Supercifuentes y los comentarios de los cassettes editados en aquellos días. Eso sí. En este número se incluye la noticia de la muerte de uno de los mayores filósofos que ha tenido este país. El gran Jorge Millas, de quien recuerdo haber leído su "Idea y defensa de la universidad".

Espero que disfruten este número y haré todo lo que pueda para tener lo antes posible más números de nuestra querida y añorada revista.